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El Blog de IdeyaRed

Compartiendo ideas en torno a la sostenibilidad

RSE y EBC: Una guerra que no es tal

Aprovechando la presentación de las novedades del Plan de Responsabilidad Social de Aragón que el Director Gerente del Instituto Aragonés de Fomento hizo el pasado 27 de Abril dentro de la Jornada RSE organizada por Bureau Veritas en la sede de CEOE Aragón analizamos las diferencias y los puntos en común entre Responsabilidad Social Empresarial y la Economía del Bien Común.

Historia de la Responsabilidad Social Empresarial

Ya desde el siglo XIX algunos industriales empiezan a preocuparse por las condiciones de vida de sus trabajadores realizando actuaciones aisladas para mejorarlas. La evolución de la sensibilidad social y las incipientes organizaciones de trabajadores fueron con el paso de los años mejorando esas condiciones, pero además de ello algunos empresarios fueron más allá convirtiéndose en precursores en aspectos como la asistencia sanitaria de sus trabajadores o la educación de sus hijos desde un punto de vista no basado en la caridad si no en la conciencia de que era una obligación propia.

A mitad del siglo XX se empieza a acuñar el término responsabilidad social empresarial para definir la obligación que tienen las empresas para con su entorno.

En Europa la RSE empieza a crecer de forma significativa a mediados de los años 90 cuando la Comisión Europea utiliza el concepto para diseñar una estrategia de creación de empleo a nivel comunitario.

El impulso definitivo se produce cuando en 1999 en el seno del Foro Económico Mundial de Davos la ONU presenta el Pacto Mundial (Global Compact), un decálogo de principios que deben cumplir las empresas en cuatro aspectos: Derechos Humanos, ámbito laboral, Medio Ambiente y lucha anti-corrupción.

¿Cómo se hace RSE?

Hay dos formas de aproximarse a la RSE:

Un sistema de gestión de la RSE

Una memoria de sostenibilidad

Sistemas de gestión: Hay tres referenciales principales para crear un sistema de gestión de RSE: (SGE 21, SA 8000 e ISO 26000)

SGE 21: Es una norma certificable creada por Forética que incide en los tres ejes de la sostenibilidad de las empresas. Es la más completa de las certificables

SA 8000: Creada por Social Accountability International y que incide únicamente en los aspectos que tienen que ver con los derechos de los trabajadores, siguiendo todas las normas de la OIT. Es ideal para las empresas que trabajen en sectores con proveedores de países emergentes y quieran demostrar su compromiso con los derechos de los trabajadores.

ISO 26000: No es certificable, es una guía para las empresas que quieran crear un sistema de gestión de la RSE.

Estos sistemas pueden estar integrados o no con el resto de los sistemas que tenga la empresa, aunque, naturalmente, es mejor que lo estén.

Memorias de Sostenibilidad: Es un documento en el que la empresa demuestra su compromiso con la sostenibilidad contando las acciones que realiza para conseguirlo y muestra los indicadores que avalan dichas acciones.

Esta memoria no tiene porqué tener una estructura definida pero, habitualmente, se usa la que resulta de seguir los criterios del GRI (Global Reporting Iniciative) que fijan una serie de criterios que miden las aportaciones a la sostenibilidad de las empresas. El repaso a estos criterios y los indicadores que lo sustentan es lo que da forma a la Memoria de Sostenibilidad.

 

El triple balance de la RSE y la EBC (imagen de RonMader)
El triple balance de la RSE y la EBC (imagen de RonMader)

Ventajas e inconvenientes de la RSE

Es evidente que el funcionamiento de las empresas debe cambiar, son muchos los indicadores que así lo atestiguan. La Responsabilidad Social Empresarial es una buena aproximación a una solución.

No se puede obviar que la RSE tiene un serio problema que lastra su desarrollo y es el mal uso que se ha hecho de ella desde las corporaciones y grandes empresas que la han utilizado para hacer un mero lavado de cara comunicando sus grandes acciones de compensación de CO2, patrocinios deportivos, etc. mientras realizaban procesos de deslocalización, trampas en el control de emisiones o contratación de proveedores en países del tercer mundo que no cumplen con los estándares mínimos.

Por otro lado las aportaciones de la RSE al cambio de modelo económico son claras, es un modelo para empresas basado en las empresas. La principal aportación es su pilar básico, que es la sostenibilidad (otro concepto que ha sufrido un duro desgaste), la sostenibilidad bien entendida, ya que cuando se habla de ella en muchos casos se piensa en sostenibilidad ecológica, pero esta es sólo una parte de la sostenibilidad, ya que ninguna empresa puede ser sostenible medioambientalmente si no es sostenible económicamente o no es responsable en la relación con sus trabajadores.

Esta visión tridimensional (económica, medioambiental y sociolaboral) es lo que da a la RSE su potencia ya que no se dejan de lado ninguno de los aspectos que influyen en la empresa y su relación con el entorno.

Diferencias entre RSC y EBC

Se ha de partir de la base de que tanto la Responsabilidad Social Empresarial como la Economía del Bien Común buscan mejorar el desempeño de las empresas para hacerlas sostenibles.

La diferencia más evidente entre ambos planteamientos es su enfoque de difusión: La RSE plantea un desarrollo de arriba abajo partiendo del Pacto Mundial y a través de las grandes empresas va dimanando hasta las más pequeñas mientras que la EBC apuesta por el enfoque contrario, comenzando el proceso desde pequeñas empresas muy concienciadas y yendo hacia las más grandes.

Ambos planteamientos tienen sus inconvenientes, en el caso de la Responsabilidad Social es el aprovechamiento que algunas grandes corporaciones han hecho de la escasa conciencia crítica de los consumidores para pervertir la RSE; en el caso de la EBC el inconveniente es que el pequeño tamaño de muchas de las empresas hace que la difusión sea mucho más lenta.

Tanto la una como la otra se basan en un proceso de autodiagnóstico realizado por la propia empresa que puede (o no) ser validado por un agente externo, pero en el caso de la EBC el proceso puede, además, ser auditado por auditores certificados por la propia EBC.

La RSE aparece como menos profunda en alguno de sus planteamientos como demuestra el hecho de que uno de los referenciales usados para crear un sistema de gestión de la RSC (el SA 8000 de Social Accountability International) trata, únicamente de los aspectos que tienen que ver con los derechos de los trabajadores, que siendo fundamentales, no cubren todas las características de una empresa sostenible. También se aprecia una limitación a la hora de recabar información y mantener dialogo con los stakeholders (partes interesadas) de la empresa ya que se suelen considerar únicamente proveedores, financiadores, trabajadores y clientes pero se suele olvidar en este aspecto a la sociedad en general que, sin tener por qué ser cliente, se ve influida por la empresa y tiene mucho que aportar a las empresas de su entorno.

La RSE es menos disruptiva que la EBC que lleva sus planteamientos a poner en tela de juicio lo que han sido pilares básicos de la gestión empresarial, cómo son el deseable crecimiento ilimitado de las empresas o el reparto de beneficios.

Una guerra que no es tal

La conclusión es clara, tanto la RSE como la EBC son formas adecuadas para producir el cambio en el desempeño de las empresas, la elección de un camino u otro depende de factores propios de las empresas, basta con aplicarlas con honestidad.

Por ello la supuesta guerra entre EBC y RSE no tiene el más mínimo sentido, ambas aproximaciones pueden, deben y van a trabajar juntas para conseguir los cambios sociales que se demandan.

 

 

Jesús Javier Pueyo Gracia

Project Manager en IDEYA

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